REFLEXIONES DE L’AVI PEP: Dios, la oración y el concepto “tiempo”.
La creencia cristiana y popular ha dicho siempre que ” debemos ” rezar a nuestros difuntos para ayudarles a conseguir el máximo fin, que no es otro que disfrutar, junto con dios, Jesús, la virgen, los ángeles y los santos, de la vida eterna en el cielo (heaven, no sky).
Algunos difuntos, personas buenísimas, santas, espirituales, etc… han subido al cielo directamente.
Estos, prácticamente, no necesitan ayuda aunque siempre es bien recibida si los vivos se la envían. Otros deben mejorar un poquito, antes de subir, y son destinados al purgatorio.
Estas almas sí que necesitan toda la ayuda del mundo, y nunca mejor dicho.
Las almas, cuando llegue el momento, deben encontrar el camino que les guíe a la luz y no hay mejor ayuda que la energía que se les puede enviar, a través de la oración, por sus seres queridos que han quedado en este mundo.
¿El alma?…¿Qué es el alma?… ¿Dónde se halla ubicada?… y…. ¿Si no existe?
Y… ¿Si nos damos cuenta, un tiempo después, de que hemos estado rezando, para ayudar a un alma, que ésta no existe?
Lo que sí esta claro es que, cuando realmente se necesita la ayuda es en el momento de la muerte y quien la necesita es el alma cuando aún esta encarnada en su cuerpo.
Aquí es donde se crea el gran dilema.
Si es así solo se puede rezar, al difunto justo en el momento de la muerte siendo un trabajo inútil el hacerlo después….. o antes.
Humildemente pienso que, quizás, no es exactamente así.
Un ejemplo ilustrativo:
Un río con mucha corriente. Una barca arrastrada, sin control, pierde un marinero que cae por la borda.
Ambos, barca y marinero, están relativamente cerca de la orilla.
La tripulación intenta ayudar al marinero lanzándole un salvavidas pero no lo consigue, pues están muy separados.
En su desesperación se dan cuenta de que, en la citada orilla, se encuentra un pescador.
Este pescador, por el simple hecho de estar en la orilla, esta cerca de los dos, barca y marinero.
El capitán se da cuenta, enseguida, de que los tripulantes pueden tirar el salvavidas al pescador y este lanzárselo al marinero, teniendo en cuenta la proximidad de ambos a la orilla y la imposibilidad de lanzarlo, directamente de barca a marinero.
El río es el devenir de nuestro tiempo.
La barca somos nosotros.
El marinero es el difunto.
El pescador es dios, que no esta sujeto al devenir de nuestro tiempo.
Nosotros podemos efectuar la oración dirigiéndola, no al difunto, sino a dios.
Nosotros enviamos una oración, a dios, al cabo de un año (nuestro) de haberse producido la defunción de nuestro pariente y, como dios esta fuera de nuestro tiempo, él entrega esa energía al difunto en el momento de su muerte, ¡que es cuando realmente la necesita!.
Es decir, dios puede recibir nuestras oraciones desde nuestro pasado, o de nuestro futuro y él entregársela al difunto en su momento presente.Si esto es así, podemos rezar a nuestros difuntos en el momento de su muerte, al cabo de un tiempo e, incluso, antes de….
buenas noches
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horta-9
josep farré vernet
josefarre2004@yahoo.es























































esta muy bueno el concepto y muy bueno el ejemplo….pero considero que es bueno tambien rezar despues de que han muerto…si no estariamos dudando de la presencia de dios y de su misericordia.
Por supuestísimo.
Si lees despacio verás que yo considero que Dios esta fuera de nuestro tiempo.
Esta por encima.
En un estadio de tiempo SUPERIOR.
Eso le permite gestionar nuestras oraciones ya las enviemos desde nuestro pasado, presente Ó futuro.
¿Entiendes?