Fue Clavijero uno de los humanistas mexicanos del siglo XVIII.


Notimex | Cultura
2012-04-01

Francisco Javier Clavijero - Ampliar imagen

El célebre historiador, religioso y filósofo mexicano Francisco Javier Clavijero fue un incansable investigador, a quien se recuerda por ser parte de una generación de jesuitas que rompieron con la tradición escolástica que dominaba los colegios, la enseñanza universitaria y la moral de la época.

De acuerdo con datos biográficos disponibles, Clavijero, de quien este lunes se cumplen 225 años de muerto, vio la primera luz el 9 de septiembre de 1731, en el puerto de Veracruz.


Fue hijo de descendientes españoles. Su padre trabajó para la corona española, por lo que su familia se trasladó constantemente de una población a otra y casi siempre entre regiones con fuerte presencia indígena. Vivió en Teziutlán, Puebla y más tarde en Jamiltepec, Oaxaca, en la región mixteca del estado.

Esa convivencia le permitió conocer a fondo las costumbres de los habitantes y su naturaleza, así como investigar de manera especial la valía de las tierras, ya fueran plantas, animales o minerales.

Realizó sus primeros estudios en la ciudad de Puebla, en el Colegio de San Jerónimo donde aprendió gramática y el Colegio San Ignacio, a cargo de jesuitas, donde estudió Filosofía, Latín y Teología.

Al terminar su educación, sintió vocación por el sacerdocio e ingresó a seminario de dicha ciudad, donde permaneció poco tiempo, pues decidió convertirse en sacerdote jesuita.

En 1748 se trasladó al Colegio de la orden de los Jesuitas en Tepotzotlán, logrando perfeccionar sus conocimientos de latín, además de incorporar el griego antiguo y francés, portugués, italiano, alemán e inglés.

De acuerdo con el portal alo.com, Clavijero regresó a Puebla en 1751 y se dedicó a perfeccionar sus estudios de filosofía, leyendo a autores como Descartes, Newton y Leibniz, entre otros, que le llevarían a plantear la necesidad de transformar los estudios científicos y filosóficos que se impartían en esa época.

Completaría su formación teológica y filosófica en el colegio de San Pablo y Pedro en la Ciudad de México, donde convivió con José Rafael Campoy, Andrés Cavo, Juan Luis Maneiro, Pedro José Márquez y otros más, que fueron conocidos como “Los humanistas mexicanos del siglo XVIII”.

Se dedicó a la docencia por un tiempo, siendo prefecto en el Colegio de San Ildefonso. Luego, sin ser ungido con las órdenes sacerdotales, se le encomendó la cátedra de retórica en el Seminario Mayor de los Jesuitas.

Para 1755, Clavijero fue consagrado sacerdote jesuita y se dedicó por completo a la docencia e investigación. Impartió clases durante cinco años en el Colegio de San Gregorio, creado al inicio de la colonia para dar educación y formación cristiana a jóvenes indígenas.

Durante dicha estancia, el padre Pedro Reales, provisor de la Orden de la Compañía de Jesús, le reclamó a Clavijero por medio de una carta fechada el 3 de abril de 1761 de haberse sacudido el yugo de la obediencia respondiendo con un “no quiero” a lo que se le encargaba, atendiendo otros cuidados y estudios.

Esos otros deberes no eran más que el estudio de los códices aztecas y libros de la época de la conquista que se guardaban en el colegio San Pedro y Pablo.

De acuerdo con Juan Luis Maneiro, Clavijero dedicó parte de su vida a examinar con ojos curiosos todos los documentos referentes a la nación mexicana, se dejó admirar por la forma de vida de los antiguos indígenas antes de la llegada de los españoles y conservó en su memoria las inscripciones jeroglíficas que tuvo oportunidad de ver, con el fin de llegar a comprenderlas.

Impartió clases en el colegio de San Javier en Puebla y después en Guadalajara, donde redactó su tratado “Physica Particularis”, que junto con “Cursus Philosophicus”, ponen de manifiesto su pensamiento filosófico- científico.

Al ser expulsada la compañía de jesuitas de los dominios españoles bajo las órdenes de Carlos III en 1768, Clavijero se trasladó a Italia donde permanecería el resto de su vida. Allí se dedicó por completo a sus investigaciones históricas y escribió su gran obra “La historia antigua de México”, que narran en 10 tomos la realidad cultural de nuestro país antes de la conquista, ocurrida en 1521.

La obra fue escrita en español, sin embargo, su autor la tradujo al italiano y se publicó en 1780 en ese idioma. También se llevó al alemán e inglés, debido al gran recibimiento por parte de estudiosos de la época.

El sacerdote Clavijero también se dio tiempo para escribir “La Historia de la Antigua o Baja California”, “Diálogo entre Filaletes y Paeófilo”, “De las colonias de los tlaxcaltecas”, “Breve descripción de la Provincia de México en el año 1767″, una historia que narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe y numerosas cartas, ensayos y disertaciones sobre la cultura mexicana, ciencias naturales y filosofía.

Francisco Javier Clavijero falleció a los 56 años en Bolonia, Italia, el 2 de abril de 1787. Sus restos fueron repatriados a su natal Veracruz en 1970, donde recibió todos los honores. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres, en el Panteón Civil de Dolores, en la Ciudad de México.

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Tomado de: La Crónica de Hoy

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