«En poesía es fundamental el pensamiento, no solo el sentimiento»


Antonio Colinas Poeta. Dieciséis libros publicados en 43 años, con inéditos, se reúnen en ‘Obra poética completa’

RICARDO ALDARONDO | SAN SEBASTIÁN.

Antonio Colinas - Ampliar imagenAntonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) echa la vista atrás estos días, pero no sólo por el hecho de haber recopilado toda su obra poética en un volumen: hace justo 40 años ganaba el Premio Ciudad de Irún en su primera edición. Ahora acaba de participar un año más como jurado de ese premio, y comienza a presentar lo que es la obra de toda una vida que, a pesar de lo que pueda indicar el título, no está cerrada y terminada, y constituye una de las más destacadas trayectorias en la poesía española de las últimas décadas. Antono Colinas ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de la Crítica (1975), el Premio Nacional de Literatura (1982), y el premio de las Letras de Castilla y León (1999).

-¿Irun marcó sus inicios?

-Sí, me he dado cuenta de pronto de que se cumplen 40 años. No pude recoger el premio porque estaba en la mili, y no me dejaron venir. Lo que no sabía entonces es que iba a estar tan ligado a esta tierra, formando parte del jurado del Ciudad de Irun, prácticamente todos los años. Me premiaron por el libro ‘Truenos y flautas en un templo’. Yo era un desconocido entonces, y fue un libro clave, que había había empezado a escribir en París en otoño de 1968, y con el que me ponía a tono con la poesía que nacía entonces, más libre y con una gran presencia de la cultura. En aquel momento la poesía en España se debatía entre el neoclasicismo y la poesía social, y frente a esas corrientes nació la poesía de los llamados ‘novísimos’, aunque yo he sido un poco escéptico hacia esa generación, he procurado escuchar mi voz.

-Pero sí compartía con ellos unas ganas de renovar la poesía…

-Compartía esa necesidad de ruptura, de una poesía más libre e imaginativa, y también el hacer nuevas lecturas de los autores del 27 con maestros como Vicente Aleixandre, o de Pablo Neruda, Octavio Paz, Ezra Pound y T. S. Elliot.

-Y también ha tenido muy presentes a los clásicos…

-Claro, yo siempre aconsejo a los jóvenes que lean a los clásicos, hay que leer de todo. Y lo clásico no es lo muerto ni lo caduco, sino un canon en el tiempo que no pasa, esa poesía intemporal a la que siempre regresamos. Y en mi caso me ha interesado todo lo que viene del mundo mediterráneo, los poetas grecolatinos, Dante, Homero… Yo he procurado dialogar con ellos desde mi propias raíces, que están en el noroeste, en León, en esa tierra fronteriza entre Portugal y Galicia, y entre la ribera y la montaña. Pero he procurado universalizar esas raíces, no he hecho una poesía costumbrista, aunque los símbolos son los mismos. Este tomo se cierra precisamente con un poema, ‘Signos en la piedra’, que es una meditación frente a nuestra cima tutelar, el monte Teleno, que desde la infancia hemos tenido en la mirada. Y ahí se termina la meditación, con esos dos versos: «No puedes ir más allá / no debes ir más allá».

-¿Y por qué esa idea de cierre, también en el título del libro?

-Es un título orientativo, más que nada, no es una antología, sino toda la poesía que he escrito. Siempre que acabas un libro viene esa idea obsesiva de que no vas a escribir más, de que ya lo has dicho todo.

-¿Y eso es un deseo o un miedo?

-Entre libro y libro yo paso un tiempo sin escribir, y entonces surge una sensación angustiosa de que ya no voy a escribir más. Y ahora me ha vuelto a ocurrir. Pero preparando esta edición he visto que hay distintas voces en él, no hay un solo Antonio Colinas, hay distintas etapas. Como dijo María Zambrano, mi poesía estaba sometida a un proceso de ir apaso a paso, muy unido a la vida y la experiencia.

-Añade al final del tomo un libro inédito, ‘El laberinto invisible’.

-En principio iban a ser ‘otros poemas’ simplemente, pero finalmente le di forma de libro, aunque no descarto que lo complete o lo amplíe. Dentro de él hay una serie de poemas, los ‘Catorce retratos de mujer’, que valoro bastante, así que para mí es una parte con entidad.

-Y también ha rescatado ‘La viña salvaje’, que quedó inédito.

-Es un libro que empecé a escribir al tiempo que ‘Sepulcro en Tarquinia’, pero me pareció que no tenía relación con lo que estaba escribiendo entonces, son una serie de sonetos entre lo erótico, la ironía, el simbolismo… Tenía unas ciertas reservas, pero ahora me ha parecido que podía publicarlos. Además, Vicente Alexandre me dijo entonces: «No hay duda de que en usted hay un poeta pero, ¿por qué no deja de escribir sonetos por una temporada?».

-En el prólogo del libro divide su obra en dos etapas, una más emocional, la segunda más reflexiva.

-Los primeros poemas eran muy emocionales, muy puros de forma y transparentes. En los últimos he vuelto al pensamiento, de una forma a veces más espiritual, de búsqueda. En la poesía es fundamental el pensamiento, no solo el sentimiento. Alguien dice que allá donde no llega la filosofía, aparece la poesía, y algo de verdad hay en ello.

Fuente: Diariovasco.com

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