América celebra 100 años de Tennessee Williams.


Exposiciones y representaciones de sus obras rinden homenaje al dramaturgo

ANNA GRAU / CORRESPONSAL EN NUEVA YORK

Tennessee Williams, nacido Thomas Lanier Williams pero rebautizado y hasta rejuvenecido por exigencias del propio guión, habría cumplido cien años este sábado 26 de marzo, de no haber muerto el 25 de febrero de 1983 en el hotel Elysée de Nueva York al atragantarse con el tapón de una botella de champán, seguramente con los reflejos y el juicio algo nublados por los narcóticos. No es que semejante muerte fuera muy glamurosa pero sí resulta intrigante en alguien que desde niño tuvo un miedo patológico a morir estrangulado o ahogado. Lo cual demuestra que las neurosis tan características de su familia y de su obra no dejaban de tener algún fundamento real.

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Tennessee Williams, en Florida en 1957 – © BETTMANN/CORBIS


Muerto el perro quedó su rabia exquisita. Un cuerpo literario un tanto errático e irregular pero que comprende algunas de las mejores obras de teatro que se han escrito en Estados Unidos, la fuente de la que han bebido todos los grandes, empezando por David Mamet, y el sustrato de películas tan inolvidables como «La noche de la iguana» o la especialmente recordada estos días «La gata sobre el tejado de zinc caliente». Es como si la mismísima Elizabeth Taylor hubiera querido programar su propia muerte para coincidir con el centenario del autor de uno de sus mejores personajes.

Broadway conmemora a Williams representando «El tren de la leche ya no pasa por aquí», lujosamente protagonizada por Olympia Dukakis. Este montaje encabeza una verdadera explosión de «tennesseewilliamsmanía» en escenarios de todo el país. Una de las más curiosas está programada para el 7 de abril, cuando la compañía Austin Shakespeare, en la ciudad de Austin, representará los muy variados finales que el autor imaginó para su obra «Verano y Humo», finalmente titulada «Excentricidades de un ruiseñor». Todo ello muy en la línea de la conocida obsesión de Williams por la incesante reescritura.

Pero tampoco faltan homenajes fuera de la escena, como la exposición titulada «Becoming Tennessee Williams» (Viniendo a ser Tennesee Williams) que le dedica el Ransom Center de la Universidad de Texas. Esta institución posee el archivo más extenso que se conoce sobre Williams, en su mayoría procedente de donaciones del propio autor y de los papeles de familia vendidos por su madre en 1965 for 7.500 dólares, incluyendo 700 cartas y 650 fotografías.

Entre las curiosidades extraliterarias del archivo hay testimonios de la correspondencia de Williams con algunos de los primeros hombres con los que mantuvo relaciones amorosas, bastante antes de admitir en público su homosexualidad. También hay una agenda extraviada por Marlon Brando en el teatro donde en 1947 se estrenó «Un tranvía llamado deseo». La encontró el productor, quien la conservó a pesar de que Brando le pedía de rodillas su devolución. Finalmente, esta semana estará dedicado a Williams el Festival Literario anual de Nueva Orleans, ciudad muy vinculada a la trayectoria vital del autor.

Fuente: ABC.es

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