Culto a “santos delincuentes” se enraíza en Venezuela


Creyentes invocan la ayuda de conocidos “malandros” para cometer fechorías y protegerse.

POR JOSÉ PERNALETE
DIARIO LAS AMÉRICAS

MIAMI.- Con estatuas de cerámica, bañadas de licor de anís y envueltas en el invisible aroma de bocanadas de humo de tabaco, ha surgido en Caracas un culto que gana seguidores entre los delincuentes.

Tradicionalmente en la santería venezolana se adora a figuras como las de la Diosa María Lionza, el Negro Felipe y el Cacique Guaicaipuro. Los adeptos de estas creencias jerarquizan sus prácticas en grupos o “cortes”: Celestial, Africana, Cubana y Libertadora, entre otras. Según algunos conocedores, hay una nueva faceta que ha tomado fuerza en un sector marginal de la población al que se conoce como la Corte Malandra.


Uno de los altares con imágenes de conocidos “malandros” venezolanos que son visitados por fieles y familiares en un cementerio de Caracas. (FOTO CORTESÍA)


Diario Las Américas conversó con Pedro Guerrero, un creyente que lleva más de 12 años de “santo” y goza del respeto entre los devotos de la santería. Guerrero explicó detalles sobre la Corte Malandra y específicamente las figuras que son más adoradas en esta práctica. “El más destacado o a quien más le piden es a Ismael, en vida le decían el Robin Hood pues robaba para darle a los pobres, por eso se le menciona como un delincuente sano. Beneficiaba a la gente que lo necesitaba.”

Sobre la vida de Ismael se sabe poco.

Algunas informaciones revelan que vivía en el Guarataro, barrio peligroso ubicado al centro de la capital venezolana. También lo conocían como “El Chino” y supuestamente murió durante una persecución con autoridades policiales en una apartada carretera.

Otra versión afirma que fue abatido por la espalda por efectivos luego de una redada en la década de los años 1970. Entre los simpatizantes de esta corte existe confusión sobre dónde se encuentran enterrados sus restos. Lo cierto es que en el Cementerio General del Sur de esa ciudad se agrupan muchas personas para rendir devoción a siete figuras que, según los fieles, brindan protección ante cualquier peligro.

Sus ruegos, que acompañan con tabaco, hierbas, licor y al ritmo de la salsa, pueden ir desde resguardo ante un vecino peligroso que amenaza de muerte al devoto y la pronta liberación de un familiar encarcelado hasta poder robar sin ser detenido y llevar a vías de hecho una venganza.

Para Guerrero, algunos pedidos no son cumplidos por las deidades criollas porque son solicitudes para obrar el mal. “Es un culto de mucha fuerza y por eso hay delincuentes que piden para hacer sus fechorías. Los santos son los que deciden a quiénes van a proteger. Esas deidades no van a favorecer a quienes piden matar o violar, eso no lo permiten”, explicó.


Las figuras de la Corte Malandra se venden en distintos tamaños a los creyentes, quienes las adquieren según la fortaleza de su fe y el alcance de su bolsillo.

Según Guerrero, muchas veces quienes le piden a la Corte Malandra están bajo el efecto de las drogas y suelen confundir la realidad con la fantasía, “por eso algunos se creen invisibles cuando cometen algún asalto con la ayuda de los santos que ellos piensan que puede cegar a quienes representen algún riesgo.”

En los sitios de veneración es común encontrar piezas de distintos tamaños ligadas a este culto venezolano de reciente data. Las historias que dan vida a la práctica provienen de Caracas, el oriente del país y Los Andes, y casi todas relatan enfrentamientos o ajustes de cuenta que terminaron con la muerte.

Los relatos también coinciden en la ayuda a los pobres como: asaltos a farmacias para curar a enfermos que no tenían dinero, robos a camiones cargados de alimentos para dar de comer a los hambrientos… Otros relatos cuentan que antes de morir, los personajes que son ahora venerados atracaron bancos y hasta asesinaron a varias personas.

Guerrero también consideró que la moda puede ser uno de los motivos por el que muchos jóvenes de escasos recursos se sienten atraídos por esta práctica religiosa.

“Hay quienes quieren llevar una pistola en la cintura, se colocan la gorra de lado y se comportan como creen que lo haría estos santos, que sí pueden cumplir algunos pedidos (…) Pero también es cierto que otros se aprovechan de esta manifestación de fe y la comercializan”, añadió.

Concluyó que, como es habitual en estas prácticas, muchos compran animales para realizar sacrificios a los pies de alguna deidad y que las figuras de la Corte Malandra se venden en distintos tamaños a los creyentes, quienes las adquieren según la fortaleza de su fe y el alcance de su bolsillo.

Tomado de: Diario Las Americas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: