El pintor que interpretaba la vida como una mascarada siniestra


James Ensor (1860-1949) abandonó su estilo impresionista para crear a finales del siglo XIX escenas turbadoras de máscaras, esqueletos, muerte… • Con pinturas que ilustraban el absurdo de la vida y la muerte, se le considera un predecesor del surrealismo y del expresionismo alemán • Una exposición repasa la evolución artística del artista belga, desde las apacibles escenas burguesas hasta las obras más grotescas y oscuras.

HELENA CELDRÁN
29.03.2014 – 09:07h

'La intriga' (1890), obra del belga James Ensor
‘La intriga’ (1890), obra del belga James Ensor (Königliches Museum für Schöne Künste, Antwerpen – © 2014, Lukas-Art in Flanders vzw, Foto Hugo Maertens und d/arch / ProLitteris, Zürich)

Máscaras de mirada hueca, representaciones de la muerte, fantasmas, extrañas carnicerías, esqueletos luchando en torno a un hombre ahorcado… Las obras del pintor belga James Ensor (1860-1949) combinan la ironía con la agresividad, resultan todavía más turbadoras por los elementos divertidos y fantásticos. Las escenas tienen parte de ingenuidad, comedia y crítica social.

Los surrealistas lo consideraron su antecesor e inspiró a primeras figuras del expresionismo alemán como Emil Nolde y Ernst Ludwig Kirchner. En torno a la última década del siglo XIX, Ensor abandonó el estilo impresionista y el simbolismo; Goya, Rembrandt, los grabados japoneses, Odilon Redon y Brueghel se convirtieron en sus nuevas influencias. Las pinturas se tornaron entonces existenciales y siniestras. El artista se reía de lo absurdo de la vida y de la muerte y exhibía un sentido del humor grotesco y cruel. Die überraschten Masken: James Ensor (Las máscaras sorprendidas: James Ensor) —en el Museo de Arte de Basilea (Suiza)— descubre la a menudo olvidada obra del autor, que ha ganado popularidad desde que en 2009 una gran retrospectiva en el Museo d’Orsay de París y en el MoMA de Nueva York la sacaran del olvido. La exposición, que se puede visitar hasta el 25 de mayo, recopila en torno a cien trabajos—entre pinturas, dibujos y grabados— procedentes de colecciones suizas y del Museo Real de Bellas Artes de Amberes, cerrado por reformas hasta el 2017 y dueño de la mayor y más prestigiosa serie de obras del artista.

‘Entrada de Cristo en Bruselas en 1899’

La muestra suiza hace una recopilación de los poco conocidos primeros años de carrera de Ensor con paisajes y naturalezas muertas y escenas de interiores de viviendas burguesas habitadas por acomodadas damas como La comedora de ostras (1882). Del periodo más famoso —el de las máscaras— incluye muchas de las pinturas más famosas, entre ellas las desapacibles y carnavalescas Intriga (1890) y El asombro de la Mask Wouse (1889).

En la pintura del siglo XIX ya empezaba ocasionalmente a reflejarse la angustia existencial moderna que invadió buena parte de la producción artística de la primera mitad del siglo XX. El romanticismo negro y las caricaturas ejemplifican esa mirada siniestra al interior del alma humana, pero Ensor escarba en la incomodidad y expone el absurdo en una ridícula y protoexpresionista Entrada de Cristo en Bruselas en 1889 (1888), en dos esqueletos disputándose un arenque ahumado o incluso rodeándose de terroríficos rostros vacíos en Autorretrato con máscaras (1899).

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Tomado de: 20 Minutos.es

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