La tropa negra de Hitler


Fueron muchos los galos de color o norteafricanos que se integraron en el ejército nazi. La mayoría pertenecía a la Legión Francesa y cambió de bando tras la invasión de los países magrebíes por parte del Afrika Korps de Erwin Rommel.

ANJE RIBERA
30.03.14 – 00:00

Soldado nazi de color./ Schilickum
Soldado nazi de color./ Schilickum

Gran sorpresa. ¿Sabían ustedes que las tropas alemanas disponían de regimientos integrados por negros que combatieron junto a los Afrika Korps del mariscal Rommel o en el frente ruso? ¿Pero no eran racistas los nazis? Sí, eso lo dejaron bastante claro, pero no despreciaron a las fuerzas coloniales francesas y belgas que solicitaron incorporarse a la Wehrmacht durante la campaña del norte de África tras la invasión de 1940 o a los galos de color con querencias hacia Hitler. No pasó de ser un hecho meramente anecdótico, que en absoluto reduce la condición racial de una ideología basada en la superioridad de la raza aria.

Pese a ello, ha sido una historia oculta durante décadas. Pero era cierta, rigurosamente cierta. Fueron cientos los uniformados, sobre todo en nómina del régimen de Vichy, que como voluntarios cambiaron de bando. Pasaron de las tropas coloniales galas a las del régimen político más denigrado por la historia. Algunos, los menos, quedaron seducidos por la ideología fascista de Adolf Hitler. Otros creyeron que la nueva metrópoli les sacudiría el yugo imperialista que atenazaba a sus respectivas naciones.Pero la gran mayoría simplemente pretendía conservar su vida castrense y adaptarse a las nuevas circunstancias. ¿Qué más daba un uniforme que otro?. “Juro por Dios que voy a obedecer al líder de la raza alemana y al Estado, Adolf Hitler, como el comandante de las fuerzas armadas”, era la fórmula exigida para rendir pleitesía al nuevo mando.

Por estadística, entre el contingente negro del Afrika Korps dominaba la milicia procedente de la Legión Extranjera Francesa, conocida como LVF. Su religión era musulmana y los nazis los llamaban ‘schawrzesmach’ (vergüenza negra). El orgulloso ejército germano no confiaba en ellos, por lo que les mantenía habitualmente lejos del frente encargándose de los trabajos más duros y desagradables. Desgraciadamente, al faltarles reemplazos que sustituyeran a las bajas, en algunas ocasiones también fueron utilizados como carne de cañón. En la guerra, como en el ajedrez son sacrificables porque salen gratis.

Bajo el nombre de Falange Africana tuvieron su mayor protagonismo después de que las tropas aliadas invadieran Marruecos y Argelia en el otoño de 1942. Era una legión de voluntarios -también con tropas blancas, la mayoría oficiales- creada por el mariscal y jefe del Estado de la Francia de Vichy, Phillipe Pétain, para contentar a Jaques Doriot, líder del movimiento fascista Movimiento Popular Francés, que exigió el envío de tropas de la tricolor para combatir a estadounidenses y británicos junto a Italia y Alemania en el norte de África. A ellos se unieron ciudadanos tunecinos y argelinos.

Situaron su punto neurálgico en Túnez -rebautizada por los teutones como Frankonia- y también fueron conocidos como Legión Imperial o Legión de Voluntarios Franceses en Tunicia. Quedaron encuadrados en el Afrika Korps de Erwin Rommel, dentro de la 334ª División de Infantería, dirigida por el general Friedrich Weber. Su andadura concluyó en mayo de 1943, cuando los alemanes dieron por perdido el continente y comenzaron la evacuación de sus fuerzas. Les abandonaron a su suerte y muchos resultaron ajusticiados por compatriotas que lucharon contra Hitler.

Durante largo tiempo la Francia postbélica negó su existencia, pero como prueba de su presencia en la contienda, por ejemplo, en algunos museos militares se exhiben modelos de soldaditos de plomo o cera que representan a tropas de color con el uniforme del Afrika Korps. En literatura, la novela ‘El comisario’ (1985), del escritor danés Sven Hassel, también relata las vicisitudes de un negro que conducía carros de combate alemanes.

En el frento ruso

Algunos soldados negros de la Legión Extranjera Francesa tenían nacionalidad gala y se encontraban en territorio de la metrópoli cuando las botas nazis pisaron las Galias. Tras la toma de París, unos cuantos optaron por cambiar de bando para incorporarse al frente oriental y luchar contra el comunismo. Constituían una porción mínima de los entre treinta mil a cuarenta mil jóvenes franceses que se alistaron en los ejércitos del III Reich seducidos por el nacionalsocialismo y por su propaganda en favor de un nuevo orden europeo.

Además de la crudeza del Ejército Rojo, padecieron frío y hambre, sobre todo en la estepa rusa tras superar las fértiles llanuras de Ucrania. Quienes cayeron prisioneros acabaron en los gulags de Siberia. Entre los que lograron regresar a casa estaba Norbert Desire, que obtuvo varias medallas, entre ellas la Winterschiacht im osten, conocida popular e irónicamente como ‘la de la carne congelada’. Esos honores los perdió una vez finalizada la guerra, cuando fue condenado a trabajos forzados.

Los que sobrevivieron fueron enviados a Francia e incorporados al Ejército de Rommel en Normandía, donde se encargaron de establecer guardias en la costa junto al Canal de la Mancha en espera del anunciado desembarco. Allí recuperaron la tranquilidad hasta el 6 de junio de 1944, cuando llegaron los aliados por mar y aire.

En Francia, tras la ocupación de la Wehrmacht, algún soldado negro de origen africano solicitó incluso ingresar en las SS de Heinrich Himmler, el cuerpo nazi más racista. Lógicamente estas peticiones fueron rechazadas. Aunque hubo una excepción. Un militar de origen africano fue aceptado para que trabajara como espía de la Abwehr, el servicio de inteligencia. Tras un entrenamiento especial lo lanzaron en paracaídas en su propio país días después del desembarco de Normandía, ya en 1945. Fue capturado y condenado.

Otro, cuentan algunos historiadores, también logró plaza en la Gestapo como auxiliar. De hecho, la película gala ‘Lacombe Lucien’, dirigida en 1974 por Louis Malle, incluye en un papel secundario a un hombre de color que formaba parte de este órgano de la policía secreta nazi que se encargaba de investigar y combatir todas las tendencias peligrosas para el III Reich.

Negros alemanes

La aceptación de soldados negros en el ejército nazi contrastó con el trato que la sociedad esculpida por Hitler daba a las personas de color en la propia Alemania, donde residían miles de negros procedentes de antiguas colonias africanas, algunos de ellos incluso casados con mujeres germanas. Los mulatos nacidos de estas uniones también fueron marginados, llamándoles ‘bastardos de Renania’ porque personificaban la “pérdida del orgullo de raza”.

Siempre fueron considerados seres inferiores y se les aplicó las leyes de Nuremberg, que prohibían los matrimonios y las relaciones sexuales entre arios y negros. Asimismo fueron perseguidos, encarcelados, esterilizados, utilizados en experimentos médicos y, por supuesto, asesinados. O se les hizo desaparecer misteriosamente.

Algunos tuvieron más suerte y simplemente resultaron recluidos en campos de concentración. Aunque a los negros alemanes no se les deportó sistemáticamente por el color de su piel, la mayoría fueron a parar finalmente a los campos como Buchenwald, Dachau, Mathausen… acusados de comunistas, testigos de Jehová o por tocar música jazz, considerada decadente por los nazis. Allí fueron utilizados en trabajos forzados. La mayoría pereció víctima de malos tratos.

Tomado de: El Correo.com

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