Redescubriendo a Émilie Charmy, la valiente artista francesa que pintaba “como un hombre”


La autora francesa Émilie Charmy (1878-1974) se ganó con un lenguaje pictórico ‘viril’ la admiración de coetáneos del fauvismo, del público y de los críticos • Muy popular en las tres primeras décadas del siglo XX, cayó en el olvido tras la II Guerra Mundial y apenas se han expuesto sus obras al público actual • La carga sensual de los desnudos y retratos femeninos es altamente inusual en la visión artística de la mujer de la época.

HELENA CELDRÁN
02.04.2014 – 20:46h

Autorretrato con un álbum'
‘Autorretrato con un álbum’, óleo de Émilie Charmy datado entre 1907 y 1912 (Émilie Charmy – © 2014 Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Par)

“Mira como una mujer y pinta como un hombre. De una coge la gracia y del otro, fuerza. Y eso es lo que la hace una pintora tan extraña y poderosa que mantiene nuestra atención”, escribía el periodista y escritor francés Roland Dorgelés.

Una de las voces artísticas más originales del París bohemio de principios del siglo XX, Émilie Charmy (1878-1974) disfrutó del comienzo de la consideración de la mujer como artista verdadera, un logro que habían iniciado las llamadas “tres grandes damas” del impresionismo: Berthe Morisot, Mary Cassatt y Marie Bracquemond.Con colores intensos y pinceladas gruesas se acercó de modo astuto a la abstracción y despertó la admiración de autores como Matisse y Charles Camoin. Ser cercana al fauvismo no la arrastró: siempre exhibió una elegante contención ante las corrientes artísticas y prosiguió un camino personal que trasluce en todas sus obras.

A pesar de la gran dificultad que una artista tuviera para vivir del arte, Charmy —convencida de que no iba a dedicarse a la enseñanza ni a ningún otro sustitutivo de sus sueños— fue económicamente independiente gracias a la pintura y se ganó con su lenguaje creativo la admiración de los críticos y del público.

Olvidada hasta el siglo XXI

Émilie Charmy —en la galería del veterano Arts Club de Chicago (EE UU) hasta el 17 de mayo— continúa difundiendo el legado de la francesa desde que una muestra en el Museo de la Universidad de Virginia la presentara por primera vez al público estadounidense actual. En Europa la situación no es muy diferente y en escasas ocasiones se puede admirar alguna pieza suelta de la autora. Tras la II Guerra Mundial, sin que hubiera ninguna razón concreta más que el capricho y las modas, todos parecieron olvidarse de ella, aunque nunca dejó de pintar hasta su muerte a los 97 años.

La carga sensual de los desnudos y retratos femeninos es altamente inusual en la visión artística de la mujer de las dos primeras décadas del siglo XX. Charmy presenta expresiones faciales y corporales poderosas y profundas; hay poca timidez y mucha seguridad en la actitud de las modelos y en los autorretratos.

En los bodegones de flores y en los paisajes demuestra que no se trata de una damisela aficionada y que tiene algo decisivo que expresar en géneros considerados decorativos cuando los ejecutaba una mujer. La artista demostró que aquello que se entendía por “mirada masculina” en la pintura debía ser reexaminado.

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Tomado de: 20 Minutos.es

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