Los voluntarios de Valparaíso


Uno de los cuerpos de bomberos más prestigiosos de Latinomérica trabaja sin remuneración alguna • Polémica en torno a la instauración de un salario • Un incendio gigantesco ataca la ciudad chilena de Valparaíso

ROCÍO MONTES – Santiago de Chile
25 ABR 2014 – 02:09 CET

Miguel Aguilar Alveal, bombero voluntario chileno
Miguel Aguilar Alveal, bombero voluntario chileno / JOEL CISTERNAS

El incendio de Valparaíso, a 120 kilómetros de Santiago de Chile, arrasó entre el sábado y el miércoles pasado con 2.900 viviendas, más de 970 hectáreas y provocó la muerte de 15 personas. La catástrofe se pudo controlar recién después de cuatro días, por el viento y la difícil topografía, y también dejó unas 12.500 vidas rotas, los damnificados. Fue la mayor tragedia de la historia de la ciudad portuaria, según reconoció la presidenta, Michelle Bachelet, y reavivó una discusión que cada cierto tiempo se destapa en el país sudamericano: los 40.000 bomberos chilenos, que son voluntarios, no se dedican plenamente, y pese a ello se encuentran entre los mejores de  Latinoamérica, ¿deberían recibir un sueldo?

“De ninguna manera, porque es parte de la cultura cívica nacional”, contesta Miguel Reyes, presidente de Bomberos de Chile, que está en completo desacuerdo con Susana Fuentez, la promotora de Naciones Unidas que sugirió esta semana en Chile que deberían ser asalariados. La posición de Reyes es unánime entre sus colegas: no quieren dinero. “Trabajamos hace 161 años en forma voluntaria y gratuita, sin costo para la comunidad, basados en principios de fraternidad, humanidad y solidaridad”, explica. “Y no queremos que nos ocurra lo que los médicos que, aunque deben tener vocación, algunos terminan privilegiando su sueldo. Nosotros estamos dispuestos hasta entregar la vida y todo esto no significa que no nos profesionalicemos”.

La Organización de Bomberos Americanos informa que los chilenos y los peruanos son los únicos totalmente voluntarios de la región. También existen los que son absolutamente pagados, como el caso uruguayo, panameño y cubano. La mayor cantidad, sin embargo, son sistemas mixtos y el grado de voluntariedad depende de cada país: en Argentina llega al 80%, en México y en Venezuela al 50% y en Brasil al 10%. Pero el argentino Carlos Ferlise, presidente de la organización, resalta la excelencia de sus compañeros chilenos: “Bomberos de toda región llegan hasta Chile para formarse, ya que posee el centro de entrenamiento más completo de Latinoamérica”. El dirigente informa que “son muy disciplinados internamente y tienen el mayor compromiso hacia las comunidades. Son muy valorados y el Estado financia desde hace décadas, como ningún otro en Latinoamérica, la compra de equipamiento de excelencia”.

El Estado, en efecto, los financia en un 55%, lo que se invierte en implementos, tecnología e infraestructura. El resto se consigue a través de las subvenciones de las municipalidades locales y de la propia colaboración de los bomberos: “Pagamos por servir. Cada uno debe pagar mensualmente las cuotas que su compañía ha establecido y, si no lo hace, corre el riesgo de expulsión”, explica Reyes. También consiguen recursos a través de mecanismos ingeniosos, como las rifas. En este país no es extraño encontrarse en los semáforos a bomberos vestidos de uniforme que realizan colectas para funcionar, una práctica que no le agrada al Presidente de Bomberos de Chile, que se enroló a la institución en 1966, a los 22 años.

Miguel Aguilar Alveal tiene 41, es bombero y chileno, aunque dice que también tiene nacionalidad española: su padre emigró desde Zaragoza en los años 50, aunque él no ha logrado conocer España. El hombre es humilde: es comerciante y vende caramelos en los negocios pequeños de los 42 cerros de Valparaíso, su ciudad, pero su vocación verdadera es apagar llamas gratuitamente. Lo demostró el sábado 12 de abril cuando comenzó el fuego e intentó sin éxito llegar hasta su vivienda, en el cerro Las Cañas, uno de los once afectados. “Era imposible, estaba todo lleno de gente. Supe de inmediato que mi casa se había quemado por completo. Estaba todo destruido”. Y usted, ¿qué hizo? “Me fui al cuartel a trabajar”. Fue uno de los 1.300 bomberos que controlaron el gigantesco incendio.

El bombero tenía razón: de su casa no quedó nada. Ni muebles, ni ropa ni recuerdos, lo que más siente. Su esposa y sus hijos —una de ellas de apenas dos meses— no fueron los únicos de su familia que resultaron damnificados: en el mismo cerro vivían cerca de 124 parientes repartidos en 15 viviendas, que también se quedaron en la calle. “Parecía que hubiesen tirado una bomba”, señala Aguilar, mientras ayuda a retirar los escombros de la vivienda de otro de los nueve bomberos de Valparaíso que lo perdieron todo y, pese a ello, siguieron intentando controlar las llamas. Pese al desastre personal tan reciente, Aguilar tampoco piensa que los bomberos deban recibir una remuneración: “No, no y no. Estoy en esta institución desde los 18 años y entré por vocación. Eso se perdería si este trabajo fuera pagado; entraría gente por amor al dinero”.

Los bomberos chilenos son los más antiguos de la región y nunca en su historia han sido asalariados. Los primeros se constituyeron en 1851, justamente en Valparaíso, que desde siempre ha sido un lugar de incendios. De los 40.000 voluntarios, 5.500 son mujeres, y están repartidos en 1.100 compañías a lo largo de este país extenso. Todos tienen trabajos paralelos que les permiten vivir, realizan turnos y deben acudir a sus cuarteles si sienten el llamado de sus alarmas personales o las sirenas de su comunidad. La mayoría tiene entre 31 y 65 años y algunos comienzan a formarse desde pequeños: desde hace algunos años existen las brigadas juveniles, donde los adolescentes entre los 14 y los 17 estudian para salir a la calle una vez que cumplen la mayoría de edad, a los 18.

El camino para convertirse en bombero en Chile no es fácil: antes de participar en el control de un incendio, durante un año los postulantes son educados en las compañías. Luego viene un período de formación de un año en un centro de entrenamiento, a 47 kilómetros de Santiago, y diversos cursos de especialización. Pese a que el proceso es largo, la cantidad de voluntarios ha crecido considerablemente desde 2010, el año del terremoto que destruyó del sur de Chile y el accidente de los 33 mineros en el norte: 7.000 hombres y mujeres decidieron enrolarse luego de esas desgracias. “Probablemente después del incendio en Valparaíso tendremos más voluntarios”, señala Miguel Reyes.

Bomberos de Chile es una de las instituciones más valoradas por la ciudadanía: de acuerdo a una encuesta de 2013 de la Universidad Católica Raúl Silva Henríquez, los chilenos pobres que residen en Santiago la consideran la institución más proba y menos corrupta.

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Tomado de: El Pais.com

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