Annie Leibovitz: «Soy una artista conceptual que utiliza la fotografía»


La excepcional fotógrafa publica un libro de gran formato con una selección de sus mejores retratos.

JAVIER ANSORENA / NUEVA YORK
Día 05/10/2014 – 17.50h

Annie Leibovitz
Autorretrato de la fotógrafa Annie Leibovitz en Plano (Illinois), en 2011 – © ANNIE LEIBOVITZ

Son las nueve de la mañana de un lunes y Annie Leibovitz saluda con velocidad mientras revuelve papeles y documentos en su estudio de Nueva York. Es uno de los iconos de la fotografía contemporánea, y su vida baila entre los aviones que le llevan a retratar a las estrellas del momento y una frenética actividad en su estudio.

Su último proyecto de envergadura es un libro de gran formato para Taschen, que recoge buena parte de sus retratos, desde sus primeros días en la revista «Rolling Stone». Cuando cesa el revoloteo de hojas, parece que respira por un segundo y ordena, como si ella fuera el objeto de una sesión fotográfica: «¡Dispara!»

-¿Había llegado el momento de hacer un libro que recogiera sus grandes retratos?

-Taschen me lo había pedido durante muchos años y yo no quería. No estoy preparada para una retrospectiva, me quedan unos cuantos años de trabajo y tengo muchas ideas en mente… Pero Benedikt [Taschen, el fundador de la editorial] me mandó una carta escrita a mano, a la vieja escuela, diciendo que le encantaría hacer el libro… y me convenció. Al mismo tiempo estaba haciendo algunas copias en gran formato de fotografías mías y me intrigó hacer lo mismo en un libro.

-¿Cómo fue la selección de las imágenes?

-La idea era escoger lo que tuviera interés en ese gran formato. Al principio no pensaba incluir la fotografía de John y Yoko [en el edificio Dakota pocas horas antes de que el exBeatle fuera asesinado], pero me fascinó cuando la vi en ese tamaño. Al final, es como un libro-performance, donde se ve cómo es un montaje de una sesión para un retrato y lo que sale de ella. Más que un libro, es una instalación.
-Pero su obra es más que los retratos…

-Es algo que se ve en otro de mis libros, «Photographer’s Life: 1990-2005». Ahí se deja claro cómo mi obra gira entre el reportaje, la instantánea, las fotos familiares, las imágenes personales, los encargos del día a día para las revistas… Es una forma de ver cómo trabajo.

-Y, ¿cómo define su trabajo?

-Con el paso del tiempo, y llevo en esto más de cuarenta años, me siento como una artista conceptual que utiliza la fotografía. Sobre todo desde que llegó la tecnología digital. Hay muchas posibilidades y disfruto probándolas todas. Me siento como una niña en una juguetería.

Responsabilidad

-¿Diría que tiene un estilo propio?

-No creo que sea así. Cada situación, cada retrato es diferente y tienes que encararlo de distinta manera.

-Ser una fotógrafa tan consolidada y exigida… ¿Le quita libertad artística?

-Es algo que tiene ventajas e inconvenientes. Lo que me he dado cuenta es de que, con la edad, siento cierta responsabilidad con lo que hago. A veces creo que es mi deber hacer un buen retrato. Delante del objetivo se ponen personas que han conquistado un lugar en el mundo. No solo gente de Hollywood, también escritores, políticos o artistas. Y me da la sensación de que se intenta reinventar la rueda cada vez que entras en el estudio. Muchas veces, lo que toca es hacer un buen retrato, potente, algo simple. Cada vez caigo más en eso, siento que en mi posición tengo la responsabilidad de hace una foto muy buena, y ya está.

-¿Tiene algún ejemplo?

-Las fotos de la Reina Isabel II no son complicadas, ni conceptuales… Van al grano. Tienes un palacio, una mujer con gran sentido de Estado, sus ropajes… Eso es suficiente, no tienes que hacer nada más. Debo reconocer, primero de todo, que es un privilegio estar en la posición de hacer ese retrato. Pero si hay algún concepto en la fotografía de la Reina es el de no hacer nada. A veces hay que saber ser directo.

-¿Esa posición no le empuja a veces a no tomar riesgos?

-No, lo que digo es que hay que hacer lo que es apropiado. No hay que forzar los límites todo el tiempo. Richard Avedon retrataba sobre fondo blanco una y otra vez, y es una gran lección, las imágenes son extraordinarias. Lo que hay que hacer es entender las situaciones. Hay un retrato de Lady Gaga en el libro que es una verdadera fotografía-performance. Estábamos en el estudio de Tony Bennett. Él la estaba pintando a ella, y Lady Gaga llegó y se quitó la ropa. Mi asistente y yo no sabíamos a dónde mirar [se ríe]. No era mi idea, no se lo pedí, pero lo acepté. Con los años he aprendido qué hacer en cada situación. Yo siempre voy a las sesiones con una idea, pero si algo ocurre puede que sea interesante.

Desarrollar un estilo

-Usted ha sido una fotógrafa que ha borrado las fronteras entre lo comercial y lo artístico.

-Es algo que aprendí desde el principio, desde que llegué a «Rolling Stone» en 1970. La revista y yo crecimos juntos. Yo venía con mis estudios de Bellas Artes en el San Francisco Art Institute, donde estudié a Robert Frank, a Cartier-Bresson, el reportaje personal, la fotografía callejera… Apliqué todo eso a los encargos de la revista y las portadas que hice desarrollaron mi estilo de retratos.

-Pero muchas veces hay fricciones entre ambos mundos…

-«Rolling Stone» nunca me dijo lo que tenía que hacer y hoy sigue siendo así con las revistas para las que trabajo. Desde el principio supe que iba a ser difícil negociar la tensión que existe entre el papel comercial de la revista y mi interés artístico. Pero siempre he intentado estar en la mejor situación dentro del ámbito comercial.

-¿Hay alguien que se le haya quedado sin retratar?

-La verdad es que he podido fotografiar a todo aquel que he querido. Pero me queda mucho por delante. Me gustaría poder clonarme, no hay tiempo suficiente para todo lo que quiero hacer. Si Hillary Clinton finalmente presenta su candidatura a las presidenciales, me encantaría volver a la carretera y hacer algo de trabajo político. Me encantó cuando Obama llegó a la Casa Blanca y pude hacer un reportaje sobre ese momento. También estoy trabajando en una serie de artistas en sus estudios, es algo fascinante.

-¿Es dura detrás de la cámara?

-Soy facilona. Admiro a la gente que fotografío, que han tenido éxito en distintos ámbitos de la vida. Siempre es un privilegio tener ese acceso, conocer a las personas y retratarlas. Me gusta que me guste la gente, es mi talón de Aquiles. Siempre trato de hacer fotografías más positivas que negativas. Quizá con los cómicos es un poco distinto, con ellos juego más.

Nuevos retos

-La tecnología y las redes sociales están cambiando su mundo…

-Es el momento más duro, desde el punto de vista financiero, para las revistas. Solo sobrevivirán las que sepan integrarse en el sistema de redes sociales. Lo que está claro es que ya no todo va a girar sobre qué va en la portada, y que eso venda la revista. Pero, por otro lado, también es fascinante, porque va a significar el regreso de la fotografía, el darle importancia a las buenas imágenes.

-Que todo el mundo tenga una cámara en su bolsillo, ¿cómo afecta a los fotógrafos?

-Todos estamos en un momento de aprendizaje, que yo encuentro muy interesante. Que cualquiera esté dispuesto a echar una foto es fascinante. Pero no debilita la idea de que siempre habrá fotógrafos, de que siempre tendremos un punto de vista que enseñar.

-Usted no es muy activa en las redes sociales.

-Si tuviera fluidez en ese medio lo utilizaría. Pero todavía soy un poco de la vieja escuela. Necesito imprimir mis fotos en papel de revista. Pero, cuando todo vaya en pantallas y no sea ya necesario imprimir en papel, ¡va a ser genial! [se ríe con ganas] Las imágenes digitales son muy bonitas en la pantalla, están pensadas para ir ahí. No hay nada como tener la luz detrás de la pantalla, es extraordinario.

-¿No ha caído en la fiebre de los «selfies»?

-Los «selfies» existen desde hace mucho tiempo, mucho antes que los «smartphones». Pero ahora es más accesible. Yo sí he caído en los «smartphones», mi antiguo teléfono murió este verano. Empecé a echar fotos en una conversación con mi tía, en el campo. Quiero usarlo más. En cuanto mejoren la cámara, lo haré.

Cronista gráfica de las altas esferas

J. ANSORENA

Annie Leibovitz (Waterbury, Connecticut, 1949) conoció el mundo del arte de la mano de su madre. De la mano que su madre arrastraba para llevarle a clases de danza cuando era un niña, en Washington, uno de los destinos que tuvo su padre, un oficial de la aviación estadounidense. Con el tiempo, los bailarines se convirtieron en uno de sus objetos favoritos en la fotografía. Su carrera en ese mundo nació casi a la vez que la revista «Rolling Stone», donde llegó como una «chica joven, inocente, de ojos curiosos, abierta al mundo», recuerda Leibovitz. Acabó firmando 142 portadas, la primera de ellas con un retrato de John Lennon. En 1983 se fue a llevar las riendas fotográficas del regreso de «Vanity Fair» y desde entonces colabora con este revista, y otras, como «Vogue». Por su objetivo han pasado, sin excepción, todas las personalidades de la música, la moda, el cine, la televisión, escritores, políticos, artistas… Mantuvo una relación sentimental con Susan Sontag desde 1989 hasta el fallecimiento de la escritora en 2004. Su muerte fue la antesala de un rosario de problemas financieros, que se destaparon en 2009 y en los que llegó a acumular deudas de 24 millones de dólares que pusieron en riesgo su valioso archivo fotográfico.

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Tomado de: ABCV.es

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