Celebran los 90 años de Sabine Weiss, elegante fotógrafa de la discreción y el humanismo


El Salón de la Foto de París rinde homenaje este año a la gran retratista de la sobriedad y el amor por la vida, una de las fotógrafas clave del siglo XX • Persona de talante sencillo y sin pretensiones de pronunciamiento artístico, su inmensa obra nunca ha recibido, por esa humildad, la importancia que merece • Además de una completa antología, nueve fotógrafos cincuenta años más jóvenes que la maestra se reúnen para recrear el estilo sobrio de Weiss.

JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ
10.11.2014 – 09:05h


5/7MONTMARTRE, PARIS, 1952. Los niños siempre fueron un tema favorito de Sabine Weiss (© Sabine Weiss)

Sabine Weiss (nacida en Suiza y nacionalizada francesa) cumple 90 años en 2014. Su obra es inmensa, comparable en cantidad y calidad a la de los mejores fotógrafos del siglo XX, pero no suele merecer más que unas líneas en los tratados históricos sobre fotografía. La razón quizá tenga que ver con la refracción que padece por la petulancia y la cátedra. Jamás salió de sus labios ninguna acotación académica o declaración de estilo.

Reivindicación y homenaje

Weiss tendrá que sobreponerse a la humildad que ha caracterizado su vida durante el Salón de la Photo de París de este año —del 13 al 17 de noviembre en el centro de convenciones París Expo de la Puerta de Versalles—. El evento está dedicado a celebrar los 90 años de Weiss, incluye una antología de su obra que tiene el carácter de una reivindicación y un homenaje. También se celebrará una exposición paralela donde recrean la elegancia de su estilo nueve fotógrafos cincuenta años más jóvenes que Weiss, entre ellos la franco-española Catalina Martín-Chico.

En una carta abierta a la fotógrafa, el director del salón, Jean-Pierre Bourgeois, escribe: “Señora Weiss, querida Sabine. ¿Cómo resistir la tentación, por muy poco que uno te conozca, de llamarte por tu nombre de pila para mostrarte el afecto que inspiras?”.

La misiva prosigue con la misma clave de ternura: “Tu cálida sonrisa, tu personalidad vivaz y enérgica, tu amor por conocer a los demás y hablar con ellos son obvios desde el primer momento. Pero, sobre todo, tu carrera fotográfica no puede separarse de tu personalidad e infinita compasión por tus hermanos y hermanas, la raza humana. Tu ojo es con frecuencia pícaro, pero tu mirada es siempre generosa“.

Fotógrafa desde niña

Desde niña Weisss sintió el poder de la imagen fotográfica. Empezó siendo una cría construyendo cámaras pinhole que colocaba en la ventana de su cuarto para capturar paisajes. Luego ahorró para comporar un aparato de baquelita, a los 17 años se matriculó en una escuela de fotografía y un año más tarde ya era empleada en los estudios Boissonas de Ginebra. Primero como aprendiz y más tarde como fotógrafa —abrió estudio propio en 1945— aprendió las técnicas de iluminación, retoque, revelado y el uso de las grandes cámaras de placas de gran formato.

Como el ambiente de Ginebra se le quedaba corto, emigró a París en 1946 y, dado que ya era una aventajada profesional, fue contratada por el el fotógrafo de moda Willy Maywald. “Yo tenía 22 años y trabajaba en unas condiciones que no serían admisibles hoy, con un salario miserable y un horario terrible, pero aprendí mucho de Maywald, sobre todo el uso de la luz natural para crear emociones”, ha recordado Weiss sobre aquellos años.

En el poco tiempo libre que lograba disfrutar salía a las calles parisinas de la posguerra y se dedicaba a aprender a ser reportera. También empezó a frecuentar los círculos de la intelectualidad y se hizo amiga, entre otros, de Francis Scott Fitzgerald, Fernand Léger y Alberto Giacometti.

En las grandes publicaciones

En 1950, cuando ya había contraido matrimonio con el que sería el gran amor de su vida, el pintor estadounidense Hugo Weiss, comenzó a trabajar, por recomendación de Robert Doisneau como reportera freelance y, más tarde, como fotógrafa de plantilla para la revista Vogue. Sus fotos, de enorme potencial humanista, empezaron a aparecer cada vez con más frecuencia en las grandes publicaciones: Time, Life, Newsweek… La consagración definitiva llegó en 1955, cuando Edward Steichen seleccionó tres de las fotos de Weiss para The Family of Man en el MoMA, la que terminaría siendo la exposición más vista de toda la historia de la fotografía.

Amante devota del blanco y negro, nada impulsiva a la hora de hacer una foto (“prefiero aquello que parece efímero pero que mi intuición me indica”) y perfeccionista con la luz, la atmósfera y el encuadre, Weiss dedicó más de siete décadas a buscar las imágenes que deseaba caminando en soledad, haciendo de las fotos “un estilo de vida”, como dicen los organizadores del homenaje. Los niños, los ancianos y las sonrisas siempre formaron parte de su temario preferido, siempre abordado desde la espontaneidad y la confianza.

‘El amor que siento por la vida’

“Me gusta que mi cámara hable con el modelo y eso, creo, me diferencia de esos otros fotógrafos que prefieren la distancia. Hacer fotos siempre ha sido un placer y también una necesidad, por eso quiero responder con alegría al diálogo con las personas a las que retrato. Mis fotos expresan el amor que siento por la vida”, señala.

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Tomado de: 20 Minutos.es

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