Hokusai, el artista japonés que sigue ‘vivo’ en tatuajes y ‘emoji’ 150 años después de morir


Primer artista japonés en lograr reconocimiento fuera del ámbito hermético de su país, Katsushika Hokusai (1760–1849) es objeto de una gran exposición • El Museo de Bellas Artes de Boston muestra por primera vez juntas sus 36 láminas sobre el monte Fuji, entre ellas la conocidísima ‘Bajo la ola de Kanawaga’ • Comenzó a los 70 años la serie, cuyos motivos se han integrado en la cultura pop occidental y han sido reutilizados miles de veces.

JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ
05.04.2015 – 08:54h

Bajo la ola de Kanawaga
BAJO LA OLA DE KANAGAWA (KANAGAWA-OKI NAMI-URA), TAMBIÉN CONOCIDA COMO LA GRAN OLA, DE LA SERIE TREINTA Y SEIS VISTAS DEL MONTE FUJI (FUGAKU SANJUROKKEI), KATSUSHIKA HOKUSAI (JAPONÉS, 1760-1849), ALREDEDOR DE 1830 A 1831 (TENPO 1-2) “La gran ola’, el grabado más icónico del arte japonés, fue realizado por Katsushika Hokusai en torno a 1830 (William Sturgis Bigelow Collection – Fotografía © Museo de Bellas Artes)

De la exquisita escuela japonesa de grabados en xilografía o sobre madera casi nada supo occidente hasta el final del siglo XIX. El hermetismo del país asiático y el desinterés de la cultura europea tuvieron la culpa. El primer gran maestro en romper esa carencia mutua fue Katsushika Hokusai (1760-1849). Puede entenderse como una dulce venganza póstuma que su obra esté en nuestra época integrada en la cultura popular occidental, haya sido copiada y reutilizada miles de veces y tenga una cotidiana presencia en tatuajes o en los ideogramas electrónicos emoji.

Fallecido hace más de siglo y medio y dueño de una obra colosal y perfecta, Hokusai, acaso con la falsa modestia de los genios, solía quitar importancia a su trabajo como grabador y se presentaba como un perpetuo aprendiz, un “viejo loco por la pintura”, decía, al que le faltaba mucho por aprender sobre la representación del mundo.

‘Cuando cumpla 110, cada línea tendrá vida propia’

Un poco antes de cumplir 80 años —murió a los 89—, escribió una breve semblanza biográfica: “A la edad de cinco años tenía la manía de hacer trazos de las cosas. A la edad de 50, había producido un gran número de dibujos. Con todo, ninguno tuvo un verdadero mérito hasta la edad de 70. A los 73, finalmente, aprendí algo sobre la verdadera forma de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, hierbas o árboles. Por lo tanto, a la edad de 80 habré hecho un cierto progreso, a los 90 habré penetrado más en la esencia del arte. A los 100 habré llegado finalmente a un nivel excepcional y a los 110, cada punto y cada línea de mis dibujos, poseerán vida propia”.

Fue el primer artista japonés en ser reconocido internacionalmente gracias a la exposición Hokusai and His School (Hokusai y su escuela), que se celebró en 1890 en Boston (EE UU). El Museo de Bellas Artes de esta ciudad (MFA en sus siglas inglesas) se hizo a lo largo de las décadas siguientes con una de las mejores colecciones de piezas del excelso grabador fuera de Japón. Parte de ellas salen ahora de los almacenes de la pinacoteca en la exposición Hokusai, que puede verse del 5 de abril al 9 de agosto.

230 obras de siete décadas de trabajo

La muestra, con más de 230 obras de las siete décadas de carrera del artistas —empezó a trabajar como encuadernador a los 15 años y a los 18 ya era ayudante de un maestro grabador—, incluye algunas de las imágenes más icónicas de la historia del arte, incluyendo una edición temprana de la impresión a color de Under the Wave Off Kanagawa (Bajo la ola de Kanagawa), a veces llamada The Great Wave (La gran ola), una lámina de entre 1830 y 1831.

El bellísimo grabado a tinta sobre madera de la ola revolviéndose sobre sí misma en penachos y espirales de espuma que están a punto de tragar a dos pequeñas barcas pero parecen respetar a la montaña sagrada Fuji, cuya nítida silueta aparece al fondo de la composición, forma parte de la legendaria colección Thirty-six Views of Mount Fuji (36 vistas del Monte Fuji), realizada entre 1826 y 1833. La serie es un antes y un después para el arte japonés del mismo modo que nada fue igual en Europa antes y después de la Mona Lisa. El costumbrismo que hasta entonces mandaba en la plástica del país oriental fue dinamitado por la manera mística y reverberante de Hokusai de ver los paisajes como extensiones del alma de los seres humanos.

Para cada color, un bloque de madera

La exposición del MFA permitirá ver por primera vez juntos los 36 grabados originales —el éxito de la serie fue de tal magnitud que el artista añadió una decena de estampas a posteriori—. Cada una de las imágenes fue primero pintada en papel y el dibujo sirvió como guía para grabar la escena tallándola en un bloque de madera, que, una vez cubierto de tinta, se imprimía. Para respetar la exactitud de la policromía y que las tintas no se mezclaran, cada color requería de un bloque distinto de madera.

Otras obras cumbre de la cita de Boston son Phoenix (Fénix, 1835), un grabado para usar en fiestas y celebraciones que medía casi dos metros y medio de largo, estaba compuesto por ocho paneles y muestra a un dragón, un tigre y un águila; una selección de obras de las llamadas placeres urbanos, en los que Hokusai pintaba, casi siempre por encargo, escenas de la nueva sociedad japonesa, como Woman Looking at Herself in a Mirror (Mujer mirándose en un espejo, 1805); ilustraciones para cuentos de fantasmas y algunos de los grabados de la serie de paisajes en la que trabajaba cuando murió, The One Hundred Poems Explained by the Nurse (Los 101 poemas explicados por la enfermera, 1835-36), que ilustran poesía clásica con escenas de la vida cotidiana.

Ocho cascadas y en cada una el agua cae diferente

También se pueden ver los ocho grabados de la serie A Tour of Waterfalls in Various Provinces (Un viaje por cascadas de varias provincias, 1832), los únicos paisajes en formato vertical que pintó el artista. En cada una, el agua cae de modo diferente y los clásicos contornos azules de Hokusai otorgan a las caídas de agua una cualidad de fluidez.

“Lo que me encanta de Hokusai es su inmejorable combinación de habilidad, versatilidad e ingenio, que le permitía hacer tantas cosas diferentes, tan bien y con tanta habilidad que su obra tiene algo para todo el mundo y un montón de sorpresas maravillosas”, dice Sarah Thompson, coordinadora de la muestra para quien la permanencia de la obra del japonés está anclada en el “ingenio intelectual”.

Respuesta a la rígida moral de Confucio

Hokusai se formó en la escuela de arte conocida como ukiyo-e (literalmente, pinturas del mundo flotante), la respuesta hedonista y liberal a la rígida moral del confucionismo. Los artistas que se apuntaron a la nueva corriente estaban interesados por la vida urbana, la moda, el teatro kabuki y las casas de placer del barrio de Yoshiwara.

Sin embargo, hablamos de un artista versátil que, como todos los genios, resulta difícil de encajar en una corriente. A Hokusai le gustaba, antes que otra cosa, divertirse y extendió su talento en direcciones inusuales en una sociedad tan estructurada como la japonesa. A lo largo de su carrera hizo láminas de papel para que los niños construyeran escenas tridimensionales, envoltorios para regalos, bosquejos a tinta que parecen ejercicios de budismo zen, láminas con animales para ser adaptadas a abanicos y “retratos imaginarios” de poetas clásicos.

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Tomado de: 20 Minutos.es

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