Grandes éxitos del Hubble


El astrofísico Zoltan Levay, uno de los principales responsables de la divulgación del Telescopio Espacial Hubble, nos muestra sus diez imágenes favoritas.

Por Timothy Ferris
junio de 2015

Un cúmulo de estrellas jóvenes ilumina un hueco entre los remolinos de polvo de la nebulosa de la Tarántula
Un cúmulo de estrellas jóvenes ilumina un hueco entre los remolinos de polvo de la nebulosa de la Tarántula. Para Zoltan Levay, encargado de presentar al público las imágenes del Hubble, el dinamismo de la escena es irresistible. «Hay estrellas que nacen y estrellas que mueren –dice–. Una enorme cantidad de material en estado de gran agitación.» / NASA; ESA; F. PARESCE, INAF-IASF, BOLONIA, ITALIA; R. O’CONNELL, UNIVERSIDAD DE VIRGINIA; COMITÉ CIENTÍFICO SUPERVISOR DE LA CÁMARA DE GRAN CAMPO 3

Al principio no fue gran cosa. Tras su puesta en órbita el 24 de abril de 1990 por la lanzadera espacial Discovery, en medio de una gran expectación, el Telescopio Espacial Hubble no tardó en fallar. En lugar de permanecer firmemente dirigido a sus objetivos celestes, temblaba y se sacudía, agitándose como un vampiro fotófobo cada vez que incidía la luz sobre sus paneles solares. La apertura de la escotilla protectora para dejar pasar la luz estelar fue tan perturbadora para el telescopio, que este cayó en una especie de coma electrónico. Y lo peor de todo fue que el Hubble resultó ser miope. Su espejo primario de 2,40 metros de diámetro, presentado como el objeto de superficie más lisa producido jamás por manos humanas, tenía un defecto de fábrica.

Su diseño ya había sido una concesión. Los astrónomos habían pedido un telescopio más grande, en una órbita más alta. Les dieron uno más pequeño, a tan solo 560 kilómetros de altura, porque de esa manera cabía en la bodega de la lanzadera y quedaba al alcance de los astronautas para eventuales misiones de mantenimiento. Hubo quien se quejó, aduciendo que el programa había supeditado la ciencia al espectáculo de los paseos espaciales.Sin embargo, la lanzadera fue la salvación de la misión. Si el Hubble hubiera quedado fuera de su alcance, tal vez habría pasado a la historia como un fiasco de mil millones de dólares. En lugar de eso, fue construido de modo que todos sus componentes básicos –desde las cámaras y los ordenadores hasta los giróscopos y los radiotransmisores– fuesen accesibles para poderlos reemplazar o reparar. Las cinco misiones de reparación y mantenimiento realizadas con la lanzadera han sido esenciales para que el Hubble dejara de ser un fracaso de 12 toneladas y se con­virtiera en uno de los aparatos científicos más populares y productivos de la historia.

El Telescopio Espacial Hubble ha expandido literalmente las fronteras del conocimiento humano.

Utilizándolo para escudriñar las profundidades del espacio y retroceder en el tiempo cósmico con una claridad sin precedentes, los astrónomos averiguaron que las galaxias se formaron a partir de pequeños grumos de materia en el universo primigenio y que las galaxias más grandes suelen albergar agujeros negros supermasivos en el centro. Las observaciones de estrellas enanas tenues realizadas con el Hubble confirmaron que la materia normal no genera suficiente gravedad para mantener unidas las galaxias, lo que significa que la «materia oscura» responsable debe de ser algo bastante más exótico. Las mediciones de la velocidad de las ga­­laxias realizadas gracias al Hubble arrojaron los primeros indicios de la existencia de «energía oscura», la misteriosa fuerza que está acelerando el ritmo de expansión del universo.

Recientemente los investigadores del Hubble han captado la luz de una galaxia recién nacida, tal como era hace 13.000 millones de años; han medido la temperatura de un planeta caliente que orbita una estrella situada a 260 años luz de la Tierra, y han descubierto tres objetos helados en la periferia de nuestro sistema solar: un posible objetivo para la sonda New Horizons de la NASA, después de que en julio pase cerca de Plutón.

Pero la popularidad del telescopio espacial no se debe solo a sus logros científicos, sino también a las memorables imágenes que ha producido de galaxias resplandecientes, tenues nebulosas y estrellas moribundas y desgarradas. Cuando se lanzó el Hubble, tales fotografías solían tratarse con cierto desdén en círculos de la NASA, que las consideraban mero material vistoso para embellecer las presentaciones.

Pero un cuarto de siglo después, las escenas cósmicas reunidas por el equipo de Zoltan Levay, del Instituto Científico del Telescopio Espacial Hubble, han ampliado, en palabras de Steven J. Dick, «la idea misma de lo que consideramos cultura». El hecho de que a los seres humanos nos parezcan tan bellas y evocadoras como los atardeceres o las montañas terrestres reafirma que la naturaleza es una sola, y que nosotros formamos parte de ella.

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Tomado de: National Geographic

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