El pueblo de las mujeres solteras


Hace 32 años las mujeres de la aldea vietnamita de Loi decidieron que haberse quedado sin marido no implicaba no poder tener hijos. Se enfrentaron a la tradición, pero el Gobierno las reconoció en 1986.

ITSASO ÁLVAREZ
6 octubre 2015 – 12:09

Madre de la aldea de Loi con su bebé.
Madre de la aldea de Loi con su bebé.

Hace poco más de tres décadas los hombres de un pueblo de Vietnam llamado Loi partieron a la guerra. Recordemos. La guerra del Vietnam fue un larguísimo y triste conflicto con Estados Unidos como antagonista que buscaba evitar la reunificación de Vietnam bajo un gobierno comunista. Duró cerca de 20 años y alteró de modo terrible el día a día de toda la población de este pueblo del sudeste asiático. La mayoría de los hombres se alistaron, numerosos poblados quedaron medio vacíos y en manos de las mujeres, quienes empezaron entonces a hacerse cargo de todas aquellas tareas que hasta el momento solían tener responsabilidad masculina. Sobre todo en las zonas rurales, se responsabilizaron de los arrozales, de su cosecha, de su cuidado, de su recolección…

Construían chozas, cuidaban del ganado y criaban a sus niños. Por entonces, la costumbre en Vietnam era que las mujeres se casasen a los 15 o 16 años. Hasta tal punto estaba asumido que, si una chica llegaba soltera a los veinte, se consideraba ya que había excedido la edad para contraer matrimonio, que era una ‘solterona’ y así se quedaría para toda la vida. Al terminar la guerra ocurrieron varias cosas. Muchas mujeres quedaron viudas o, simplemente, sin opción a casarse. La mortandad masculina era muy elevada. Otros varones, en lugar de volver a casa con sus familias, empezaban vida en otros lugares, dejando abandonado el seno familiar. Y la mayoría, a la hora de buscar esposa, se inclinaba más por las jóvenes.

Lo que sucedió en Loi es que los supervivientes, a su vuelta, desestimaron a una multitud de mujeres porque las veían demasiado mayores para convertirse en sus mujeres. Una cantidad de féminas de Loi nunca llegarían a casarse por este motivo. Ellas, que al igual que muchísimas de su generación, habían sacrificado sus años casaderos por la guerra, que habían soportado años de bombas y muertos, iban a morir solas y sin descendencia. En Vietnam, los asilos escasean, y se considera que el cuidado de los ancianos es un deber filial. Según lo que muchas declararon a los antropólogos que les entrevistaron años después, no deseaban envejecer solas, querían vivir la maternidad y no tener la obligación de pertenecer a un marido que a la mínima les podía abandonar dado el contexto bélico en el que vivían. De modo que, a diferencia de una generación de mujeres en todo Vietnam (salvo casos aislados), las mujeres de Loi decidieron que haberse quedado sin esposo no implicaba no poder tener hijos y pidieron a hombres con los que nunca volverían a relacionarse que les ayudaran a concebir un hijo. La práctica llegó a conocerse como ‘xin con’, pedir un hijo, y equivalía no solo a romper con la tradición, sino también enfrentarse a la discriminación y soportar la adversidad de criar sola a uno o varios descendientes.

“Era inusual, y en verdad notable”, señala Harriet Phinney, catedrática de antropología en la Universidad de Seattle y autora de un libro sobre la práctica de ‘xin con’ en Vietnam. Significaba enfrentarse a la discriminación y sufrir privaciones. “Concebir intencionalmente a un hijo fuera del matrimonio era inaudito antes de la era revolucionaria. Fue producto de la valentía de las madres, pero también de una sociedad de posguerra que reconoció la situación única de las mujeres a lo largo de Vietnam, incluidas miles de viudas que estaban criando hijos solas”. Phinney recoge el testimonio de algunas de estas valientes, como Luu. Su plan no era romper barreras o causar problemas. “Yo tenía 26 años cuando la guerra terminó. En esos tiempos, se consideraba que estaba demasiado vieja para el matrimonio. No quería contraer matrimonio con un hombre malo o viejo, y ningún soltero me buscó”. Así que ‘pidió un hijo’ a un hombre. Sus padres y su hermano no la apoyaron al principio, pero con el tiempo la apoyaron y acogieron a sus dos hijas. También le compraron una parcela de tierra en una zona que con el tiempo se conoció como “la comunidad de las madres solteras”, porque vivían próximas entre sí. Como ellos, otros aldeanos de Loi dejaron de lado sus prejuicios y aceptaron a ella y a otras 16 mujeres más que se le unieron.

Con el tiempo, el número creciente de madres solteras captó la atención de la Unión de Mujeres de Vietnam, un órgano del gobierno de ese país que supervisa programas para la mujer. En 1986 el gobierno aprobó la Ley de Matrimonio y la Familia, que por primera vez reconocía a las madres solteras y sus hijos como legalmente legítimos. “Muchas mujeres le dieron todo a la guerra y era importante reconocer su sacrificio”, dijo Tran Thi Ngoi, director entonces de la Unión de Mujeres. “Cada mujer tiene el derecho a ser una esposa y madre, y si no puede encontrar marido, ella aún debería tener el derecho a su propio hijo”, añadió. La historia de Loi demuestra que la figura de la madre soltera no es algo nuevo, que en todas las culturas y en todas las épocas han existido familias muy diversas, y que muchos niños se han criado y se crían en casas donde una mujer (la madre, a veces la abuela, a veces una tía) es quien se ocupa de la crianza y el sustento. Aunque en general asumimos que la realidad de las madres solteras no es elegida: que son madres solas por viudedad, abandono, violación, migración, por la deserción de los hombres… Decía una de las mujeres de Loi en 1986: “No sé si serví alguna vez de inspiración. Sólo me atuve a mis propias decisiones. Lo único que quería es ser madre. Y nadie pudo hacerme cambiar de opinión”.

Tomado de: El Correo.com

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