Palabra del Día. Ají

11 diciembre, 2015

Al llegar Cristóbal Colón a la isla que llamó Hispaniola, hoy compartida por Haití y la República Dominicana, conoció el Capsicum anuum, que los aborígenes antillanos taínos llamaban ají en su lengua, el arahuaco. Debido a la época en que la palabra aparece en español, Corominas descarta cualquier vínculo con lenguas africanas, mientras que fray Bartolomé de las Casas confirma el origen taíno del término en su crónica del Descubrimiento. En el texto de De las Casas, ají aparece, como era habitual en la época, escrito con x, axí:

Allí había muy mucho algodón y muy fino y luengo, y hay muchas almácigas, y parecíale que los arcos eran de tejo, y que hay oro y cobre: también hay mucho axí, ques su pimienta, della que vale más que pimienta, y toda la gente no come sin ella, que la halla muy sana: puédense cargar 50 carabelas cada año en aquella Española.

Colón, al igual que el fraile dominico, señaló la semejanza del Capsicum anuum con el pimiento conocido en Europa, que pertenece a una especie completamente diferente, denominada Piper nigrum en botánica y que dio origen al inglés pepper ‘pimienta’. En su carta a los Reyes Católicos, Colón explicaba al regresar de su primer viaje:

Altas son las tierras, y baías linpias, y de montañas y árboles muy grandes, y todas muy labradas y sembradas de sus axis, qu’es singularísimo mantenimiento.

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La Gran Muralla China se desvanece

11 diciembre, 2015

Las amenazas se ciernen sobre una de las obras de arquitectura militar más notables de todos los tiempos.

Por Eva van den Berg
octubre de 2015

Tramo de la Gran Muralla China
Con sus torres de vigilancia y muros almenados, la Gran Muralla muestra en Jinshanling, a 125 kilómetros de Beijing, el aspecto de fortaleza que adquirió en algunos tramos construidos durante la dinastía Ming.

En realidad no es una gran muralla. Lo que muchos han considerado la octava maravilla del mundo antiguo es más bien un entramado de muros y distintas estructuras defensivas construidas a lo largo del tiempo, bajo el mandato de diferentes dinastías y de forma dispar. Hasta el siglo XVI la construcción se hizo con tierra compactada. El propósito de tamaña obra de ingeniería y arquitectura militar fue en todo momento doble. Por una parte, protegerse de los recurrentes ataques que los pueblos nómadas del norte, a lomos de sus caballos y arreando sus ganados, perpetraban en las vecinas regiones agrícolas en busca de comida y de enseres prácticamente inexistentes en las áridas estepas que se extendían más allá de las fronteras septentrionales del Imperio. Por otra parte, establecer claramente el límite de las tierras cultivables, sobre las que el Estado chino podía imponer unos impuestos y una administración estables. La Gran Muralla sirvió tanto para no dejar entrar como para no dejar salir.

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