Rudolf Hess, el último secreto de la Segunda Guerra Mundial


FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ
17/08/2020 06:00Actualizado a 17/08/2020 07:00

El lugarteniente de Hitler voló en 1941 a Gran Bretaña con la intención supuesta de negociar la paz. Los pormenores de su misión siguen sin aclararse por completo

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Rudolf Hess, en el centro de la imagen, junto a otros criminales nazis juzgados en Núremberg. (Dominio público)

Setenta y cinco años después del final de la guerra, muchos documentos sobre el enigmático “caso Hess” permanecen en secreto porque el Foreign Office considera que todavía “ponen en peligro la seguridad nacional”. Y las preguntas sin respuesta definitiva se amontonan: ¿por qué el lugarteniente de Hitler voló a Escocia en plena guerra?, ¿qué mensaje llevaba?, ¿por qué fracasó su misión?, ¿estaba involucrado el Servicio de Inteligencia británico?, ¿actuó Hess por su cuenta o con el consentimiento de Hitler?, ¿por qué nunca se le mostró en público?, ¿por qué se le adjudicó tras la guerra una cárcel enorme para él solo?, ¿cómo murió?, ¿se suicidó o fue asesinado?

La secuencia de los hechos comienza la noche del sábado 10 de mayo de 1941, cuando el número dos del Tercer Reich, secretario de Hitler y jefe del partido nazi, Rudolf Hess, se lanza en paracaídas sobre Eaglesham, un rincón de Escocia próximo a Glasgow. El avión, un caza Messerschmitt Bf 110D, desarmado y con dos depósitos suplementarios de combustible bajo las alas, se incendia al estrellarse. Son las 11.09 de la noche.

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El avión de Hess después de estrellarse en Escocia. (Dominio público)

Al caer, Hess se disloca un tobillo y es apresado por la Home Guard, fuerza británica de reservistas locales. Tiene 48 años y, aunque piloto experimentado, es su primer salto en paracaídas. Cuando le detienen se presenta como capitán Alfred Horn, encargado de una “misión especial”, y pide ser llevado ante el duque de Hamilton, cuya mansión está situada a unos quince kilómetros.

El duque, además de ser un personaje influyente del establishment británico, amigo de la familia real y miembro de la Cámara de los Lores, es comandante de Ala de la Royal Air Force (RAF), y esa noche está de guardia en la sala de control de operaciones del sector en donde ha caído el avión alemán.

El detenido es conducido a la enfermería de Maryhill Barraks. Allí le vacían los bolsillos y le quitan lo que lleva, incluida una carta al duque de Hamilton. El duque acude la mañana del 11 de mayo a ver al capturado, que se cuadra ante él y se presenta con su verdadero nombre: “Soy Rudolf Hess”.

Churchill se hace esperar

No es la primera vez que los dos hombres se encuentran. Se habían conocido durante los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. Hamilton reconoce a Hess y escucha sus palabras. El alemán dice venir a proponer la paz a los británicos. El Führer, añade, no quiere la derrota de Inglaterra y desea acabar la lucha. Dice también que su vuelo ha sido el cuarto intento de llegar a Gran Bretaña y que los tres anteriores fracasaron por el mal tiempo. Su presencia, como ministro del Reich, y los riesgos que ha desafiado son garantía de buena fe.

Hamilton, flemático, admite a su interlocutor que haber desafiado las defensas antiaéreas británicas y saltar en paracaídas por primera vez y por la noche con 48 años supone, si no una garantía, por lo menos una hazaña, pero que él no tiene autoridad para discutir las propuestas alemanas. Hess pide que las negociaciones se emprendan lo antes posible, pero su interlocutor se marcha sin prometerle nada.

Aquel mismo día, Hamilton solicitó audiencia al subsecretario de Estado del Foreign Office, Alexander Cadogan, pero este le respondió que no podría verle hasta al cabo de diez días. Desconcertado, se dirigió directamente a Churchill, que le recibió tras hacerle esperar varias horas. Por fin, el duque pudo comunicarle lo ocurrido. La respuesta del estadista se saldó así: “El gusano está dentro de la fruta”.

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Winston Churchill haciendo su famoso gesto de la V de victoria en 1943. (Dominio público)

Fracaso negociador

Los británicos no parecían tener ninguna prisa en hablar con Hess. El 12 de mayo, Hamilton regresó a Londres con el primer ministro, y Cadogan delegó en Ivonne Kirkpatrick, que había sido secretario de Embajada en Berlín, el trato con el prisionero.

Kirkpatrick y Hamilton se entrevistaron con el alemán, y este repitió durante casi dos horas los motivos de su viaje. Hess criticó la hostilidad inglesa hacia Alemania, que a su juicio había provocado las dos guerras mundiales, y manifestó su extrañeza por esta oposición sistemática a la potencia más fuerte de Europa. Una completa derrota británica, dijo, repugnaba a Hitler, que consideraba a ingleses y alemanes hermanos de raza.

La solución que Hess proponía de parte del Führer era que Londres dejase “manos libres” a Alemania en Europa, a cambio de que los británicos siguieran conservando su imperio. También dijo que se requería el cambio de gobierno: Hitler no estaba dispuesto a negociar con Churchill, a quien acusaba de pretender la destrucción de Alemania y ser el causante de la guerra.

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Hess (segundo por la izquierda, tras Heinrich Himmler) fue uno de los primeros miembros del partido nazi. (Bundesarchiv, Bild 146-1969-054-53A / CC-BY-SA 3.0)

Otras versiones señalan que Hess propuso una “paz-empate” a Gran Bretaña, a condición de dejar libertad de actuación a Alemania frente a la URSS, considerada entonces el verdadero enemigo.

En los días sucesivos Hess fue continuamente interrogado, lo que hizo mella en su ánimo. La actitud inglesa le parecía ultrajante. Las conversaciones, si es que alguna vez empezaron, se extinguieron sin resultado. Hess fue considerado un prisionero de guerra sui géneris y puesto en manos de psiquiatras, que le sometieron a repetidos exámenes de resultado impreciso. Incluso cabe la posibilidad de que le administraran drogas inadecuadas que deterioraron su salud mental.

Churchill, que el 17 de mayo había escrito al presidente estadounidense Roosevelt: “Parece que [Hess] goza de buena salud; no está exaltado ni presenta ninguno de los síntomas ordinarios de locura”, se desdijo luego en sus Memorias al decir: “Era un caso clínico, y no criminal. Hubiéramos tenido que tratarle en tal sentido”.

La reacción de Hitler

El Führer recibió la mañana del día 11, en su residencia de Berghof, un delgado sobre que le entregó el ayudante de Hess. Dentro del mismo había dos cuartillas. Cuando las leyó exclamó: “¡Dios mío! ¡Ha volado a Inglaterra!”.

En otro sobre recibido la tarde del día 10, pero que aún no había sido abierto, Hitler encontró una larga carta de Hess explicando los motivos de su acción. En la misiva decía que volaba a Escocia para entrevistarse con el duque de Hamilton e intentar llegar a una paz con Inglaterra antes de que empezase la guerra contra la URSS. También prometía no revelar a los ingleses los planes de la proyectada invasión.


Hitler temía sobre todo que le administraran una droga y le obligaran a decir ante un micrófono cualquier cosa


Hitler se mostró nervioso y desconcertado, ya que eran evidentes las catastróficas consecuencias que tenía para el Reich la posible captura de Hess. Temía sobre todo que le administraran una droga y le obligaran a decir ante un micrófono cualquier cosa.

Se inició de inmediato una investigación y se descubrió que el avión utilizado por el viceführer se lo había proporcionado el propio fabricante, Willy Messerschmitt. Además, Hess se había guiado en su vuelo por el sistema de navegación aérea por rayos Y que utilizaban los bombarderos alemanes, pero aún se ignoraba si había sido capaz de aterrizar en Inglaterra, porque los británicos guardaban silencio.

Por resolver

Hitler temía que Londres comunicara al mundo que Hess traía una propuesta de paz por separado entre Alemania y Gran Bretaña, lo que hubiera deshecho la unidad del Eje. Así pues, los alemanes difundieron un comunicado que anunciaba oficialmente la desaparición de Hess a causa de “un desorden mental

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Rudolf Hess en 1933. (Bundesarchiv, Bild 183-1987-0313-507 / CC-BY-SA 3.0)

Horas después, la BBC rompió su mutismo para decir que el ministro alemán había saltado en paracaídas sobre Escocia dos noches antes, y Hitler pareció aliviado. “En esta ocasión –diría más tarde a Goebbels, el ministro de Propaganda nazi– los ingleses perdieron la mejor oportunidad política que les fue deparada en el curso de la guerra.”

Resulta extraño que los británicos no utilizaran el suceso como arma de guerra psicológica y propagandística contra el Eje, pese a las ventajas que les hubiera reportado presentar el viaje del número dos de Hitler como una deserción. Pero también es cierto que la pretendida locura de Hess resultó útil para justificar la negativa de Londres a toda negociación y para no alarmar a los aliados.

Por otra parte, persiste el misterio de hasta qué punto Hitler estaba al corriente de los propósitos de su lugarteniente. Hess estuvo preparando el vuelo durante varios meses, lo cual hubiera sido imposible sin su consentimiento. Tampoco hay que olvidar que antes del 10 de mayo hizo tres intentos frustrados. Es casi seguro, por tanto, que Hitler conocía la misión, aunque quizá ignorase la fecha exacta en que se llevaría a cabo.


Hess debía de contar con una “conexión” británica importante para realizar un recorrido aéreo casi suicida


Hess, que estuvo encerrado en un calabozo en Gran Bretaña hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, fue transferido tras los juicios a la cárcel de Spandau, en Berlín, donde permaneció solo hasta su muerte, el 17 de agosto de 1987.

Especulaciones en cadena

Una de las principales incógnitas que suscita el vuelo de Hess viene dada por la propia motivación del viaje. El “delfín” de Hitler debía de contar con una “conexión” británica lo suficientemente importante como para realizar un recorrido aéreo casi suicida y correr el riesgo (como ocurrió) de caer en manos de Churchill y ser considerado un loco o un desertor.

¿Había alguien en Inglaterra que esperaba su llegada? ¿Por qué no fue abatido por la defensa aérea? ¿Era portador de propuestas de paz que los británicos pudieran considerar seriamente? ¿Llevaba documentos en el momento de su captura? ¿Dónde está la carta al duque de Hamilton?

No hay duda de que en Inglaterra existía un grupo de altos personajes, integrado mayormente por aristócratas, que se mostraba favorable a un entendimiento con Alemania. Su objetivo era poner fin a una guerra que, además, podía acabar con el Imperio británico. Hess, además de la coincidencia con Hamilton, se había entrevistado dos veces, en 1937 y 1940, con Eduardo, el duque de Windsor, de quien era conocida su simpatía por el nazismo.

En los preliminares de la operación que culminó con el vuelo a Escocia intervinieron el profesor de geopolítica Karl Haushofer, considerado uno de los inspiradores del nazismo, y su hijo Albrecht, al parecer amigo del duque de Hamilton y protegido de Hess. Albrecht propuso a Hess en septiembre de 1940 entrar en relación con Hamilton para negociar el cese de hostilidades con Inglaterra, y el viceführer acogió la sugerencia con interés.

Poco después, Hess sugirió contactar en Lisboa con una antigua amistad de los Haushofer, la señora Mary Violet Roberts, que tenía conexiones con las altas esferas de la política británica. Roberts escribió al duque de Hamilton a través de la Auslandorganisation, una sección del espionaje de las SS especializada en operaciones exteriores, pero Hamilton no contestó, porque el mensaje había sido interceptado por el contraespionaje británico.

Impaciente por la falta de respuesta, Hess debió de informar a Hitler de sus intenciones, y aunque es probable que este no confiara demasiado en el proyecto, su lugarteniente obtuvo apoyo para realizar la empresa.

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Hess en su celda de la prisión de Landsberg en noviembre de 1945 a la espera de juicio. (Dominio público)

El piloto personal de Hitler le facilitó los mapas de vuelo y el propio fabricante, Willy Messerschmitt, puso a su disposición el avión más potente y rápido que poseía la Luftwaffe. Para impedir que el aparato cayera en manos inglesas, Hess decidió estrellarlo contra el suelo y saltar en paracaídas. El resto sigue estando en sombras.

Las últimas hipótesis

Algunos historiadores británicos, como Martin Allen, han apostado por la teoría de que Hess no actuó por su cuenta y riesgo, sino que fue víctima de un complot de la inteligencia británica. La operación secreta manejada desde Londres habría hecho creer a Hitler que existía un sector del gobierno británico deseoso de negociar la paz, y en ella habrían participado Churchill y algunos miembros de la familia real británica.

Allen sugiere incluso, sin demasiado fundamento, que el “cebo” de una probable paz con los británicos fue el factor decisivo que empujó a Hitler a emprender una guerra en dos frentes (invadiendo la URSS antes de acabar con Gran Bretaña). Pero esta tesis bien podría ser una manera de atenuar el hecho de que, efectivamente, existía un “partido de la paz” en Inglaterra deseoso de llegar a un acomodo con Hitler y opuesto a la decisión de Churchill de proseguir la guerra a toda costa. Mientras tanto, y en espera de que se descorra el velo de los archivos secretos, las incógnitas siguen abiertas.

Este artículo se publicó en el número 429 de la revista Historia y Vida. ¿Tienes algo que aportar? Escríbenos a redaccionhyv@historiayvida.com

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Tomado de: La Vanguardia

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