¿Emociones negativas? El arte de vivir de manera estoica


Justo Barranco
Barcelona
17/03/2021 07:00

El filósofo John Sellars recorre en ‘Lecciones de estoicismo’ las enseñanzas para hoy de Séneca, Epicteto y Marco Aurelio

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El emperador Marco Aurelio – REDACCIÓN / Terceros

Los llamaron estoicos porque el fundador de la escuela filosófica, Zenón de Citio, daba sus clases en el siglo III a.C. en la stoa, un pórtico en el centro de Atenas. Casi dos milenios y medio más tarde, ser un estoico significa tener fortaleza o dominio sobre la propia sensibilidad. Y “tomarse la vida con estoicismo” suele equivaler a asumirla y sobrellevarla con buen temperamento por difícil que se presente.

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Busto del filósofo estoico Zenón de Citio – Archivo

En un momento de crisis sucesivas en el mundo, ¿es el antiguo estoicismo, nacido en un momento convulso, la filosofía más adecuada para nuestro tiempo? Para el filósofo británico John Sellars, desde luego nos puede proveer de algunas buenas enseñanzas contra el sufrimiento, la ansiedad, la frustración, el miedo, la desilusión, la cólera y la insatisfacción en general, como apunta en su nuevo libro Lecciones de estoicismo (Taurus).

Sellars, profesor en la Royal Holloway de la Universidad de Londres, examina en su libro la filosofía de tres grandes pensadores que, tres siglos después de Zenón, y ya no en Grecia sino en Roma, escribieron obras sobre cómo vivir, manejar nuestras pasiones y sobreponernos a nuestros reveses, una terapia para la mente y la vida buena: los estoicos romanos Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.

Los tres filósofos vivieron en los siglos I y II de nuestra era: el cordobés Séneca fue el tutor del emperador Nerón; Epicteto, un esclavo que consiguió la libertad y fundó una escuela de filosofía; y Marco Aurelio… fue emperador de Roma. Vidas muy distintas que abrazaron sin embargo el estoicismo para vivir una vida buena, para comprender nuestro lugar en el mundo, explorar qué cosas están bajo nuestro control y cuáles se nos escapan, comprobar cómo nuestro pensamiento puede generar emociones dañinas y entender cómo de nuestras relaciones con nuestro prójimo surgen las alegrías pero también las tensiones de la vida diaria.

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El filósofo Epicteto junto a su muleta – Archivo

Sellars comienza por Epicteto, de quien no sabemos ni el verdadero nombre, desterrado de Roma junto con todos los demás filósofos por el emperador Domiciano, que los veía como una amenaza. En Nicópolis, en la costa occidental griega funda una escuela y allí le llaman Epicteto, en griego antiguo “ganado, adquirido”. Allí entre sus alumnos tendrá hasta al futuro emperador Adriano. Para Epicteto, el filósofo es un médico y la escuela donde enseña es un hospital para las almas. Y cuidar el alma para los estoicos significa tener cuatro virtudes: ser sabio, justo, valiente y moderado.

Epicteto diferencia lo que podemos controlar -nuestros juicios, impulsos y deseos- de lo que no: nuestros cuerpos, nuestras posesiones materiales, nuestro éxito… Buena parte de nuestra infelicidad, dice, se debe a creer que controlamos cosas que en realidad se nos escapan. En cambio, podemos controlar nuestros juicios, que determinan nuestros deseos e impulsos. Dejar de juzgar sin pensar, decidir qué es importante realmente y qué no y retomar el control de nuestras vidas.

Epicteto pide imaginarnos como actores de una obra de teatro que no hemos escogido ni controlamos pero en la que nuestra tarea es representar nuestro papel de la mejor manera posible. Es la única manera de lograr lo que Zenon denominaba “el plácido fluir de la vida”.

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Platón, Séneca y Aristóteles en una ilustración medieval – REDACCIÓN / Terceros

Séneca por su parte se centró en las pasiones negativas y destructivas. Su carrera se desarrolló como consejero en las altas esferas de la corte imperial y se vio envuelto en enfrentamientos con gente poseída por emociones destructivas, emperadores como Calígula, Claudio y Nerón con poder sobre la vida y la muerte. De hecho Calígula, celoso de los dones de Séneca, ordenó su muerte y sólo se retractó al conocer de su mala salud. En Sobre la ira Séneca señala que cuando la ira se apodera de una persona gobierna en su mente: la pérdida de control contra la que advierten los estoicos. Y la ira es producto de un juicio mental, así que podemos controlarla.

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El suicidio de Séneca, por Manuel Domínguez Sánchez – REDACCIÓN / Terceros

Y Séneca tuvo motivos para estar furioso: murió su hijo, le desterraron en Córcega diez años -sólo pudo volver a cambio de ser preceptor del joven Nerón-, murió un amigo íntimo y se vio obligado al suicidio forzoso: Nerón ordenó su muerte por una supuesta conspiración. Se abrió las venas y como no moría le dieron cicuta y finalmente un baño de vapor para rematarlo. Pero, escribió, la adversidad es un entrenamiento y extraer lecciones positivas de sus experiencias le ayudó a salir adelante en circunstancias muy complicadas.

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Marco Aurelio después de derrotar a sus enemigos – REDACCIÓN / Terceros

La vida del emperador Marco Aurelio transcurrió con menos contratiempos y su reinado fue uno de los mejores de la historia imperial. Hacia el final de su vida, mientras guerreaba cerca de la actual Viena, empezó a registrar en un cuaderno sus intentos de asimilar las experiencias cotidianas y de prepararse para las futuras. Son sus Meditaciones, leías por Federico el Grande o Bill Clinton, pero que, dice Sellars, sirven para que cualquiera se identifique con el autor, un ser “demasiado humano que tiene que vérselas con las presiones de la vida diaria”.

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‘Últimas palabras del emperador Marco Aurelio’, por Delacroix – REDACCIÓN / Terceros

En las Meditaciones un tema central es el destino. Aceptarlo es fundamental. No significa que seamos pasivos, sino que formamos parte de las causas que llevan a que los acontecimientos sean como son. El resultado no podría ser diferente y comprender que algo es inevitable evita generar más angustia: lamentarse no tiene sentido y demuestra nuestra incapacidad para entender cómo funciona el mundo.

Tomado de: La Vanguardia

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